De arbitrar como jardinería

El otro día leí esto en el siempre excelente blog de Alan Jacobs, que no tiene absolutamente nada que ver con los juegos de rol. Es de una entrevista que The Guardian hizo al legendario músico Brian Eno, e inmediatamente me dio en el ojo como una magnífica muestra de como concibo yo el arbitrar juegos de rol.

And essentially the idea there is that one is making a kind of music in the way that one might make a garden.  One is carefully constructing seeds, or finding seeds, carefully planting them and then letting them have their life.  And that life isn’t necessarily exactly what you’d envisaged for them.  It’s characteristic of the kind of work that I do that I’m really not aware of how the final result is going to look or sound.  So in fact, I’m deliberately constructing systems that will put me in the same position as any other member of the audience.  I want to be surprised by it as well.  And indeed, I often am.

What this means, really, is a rethinking of one’s own position as a creator.  You stop thinking of yourself as me, the controller, you the audience, and you start thinking of all of us as the audience, all of us as people enjoying the garden together.  Gardener included.  So there’s something in the notes to this thing that says something about the difference between order and disorder.  It’s in the preface to the little catalog we have.  Which I take issue with, actually, because I think it isn’t the difference between order and disorder, it’s the difference between one understanding of order and how it comes into being, and a newer understanding of how order comes into being.

Brian Eno, entrevistado por The Guardian en el festival de Brighton.

Traduciendo, vendría a decir:

Y esencialmente la idea es que uno hace un cierto tipo de música del mismo modo que uno podría crear un jardín. Uno construye semillas cuidadosamente, o encuentra las semillas, las planta con cuidado y las deja vivir su vida. Y esa vida no tiene por qué ser necesariamente lo que habrías imaginado para ellas. Es característico de mi trabajo el que realmente no sé cómo va a sonar o qué aspecto tendrá cuando esté acabado. Así que, de hecho, estoy construyendo deliberadamente sistemas que me pondrán en la misma posición que cualquier otro miembro de la audiencia. Quiero que también me sorprenda a mí. Y ciertamente, a menudo me sorprende.

Y eso es exactamente lo que quiero cuando juego a rol. No quiero saber qué historia va a surgir. No quiero jugar la novela prefigurada por el autor del módulo, o por mí mismo. Quiero ser sorprendido.

Y es una cosa que a menudo me pasa, cuando mis jugadores toman decisiones sorprendentes, absurdas, o la suerte brutal les encumbra o les castiga. La sorpresa. El mirar los sucesos de la partida y pensar “quién nos lo iba a decir.” Es la razón por la que tiro los dados en abierto, y no modifico las tiradas. Es la razón por la que uso herramientas como el Mythic GM Emulator para inyectar más aleatoriedad en mis partidas, y por las que estoy a favor de la creación aleatoria de personajes, de los encuentros aleatorios y todo lo demás.

Y sigue Brian Eno:

Lo que esto significa, realmente, es repensar la posición de uno mismo como creador. Dejas de pensar en ti mismo como yo, el controlador, y vosotros, la audiencia, y empiezas a pensar en todos nosotros como la audiencia, todos disfrutando juntos del jardín. Jardinero incluido. Así que hay algo en las notas de esta cosa que dice algo sobre la diferencia entre orden y desorden, es la diferencia entre la comprensión que uno tiene del orden y cómo llega a ser, y una nueva comprensión de cómo el orden llega a ser.

Y eso es todo. Tú puedes tener una idea de lo que podría pasar. Tus jugadores tienen ideas de lo que quieren hacer. Y luego los dados lo echan todo al aire. Y ese es el encanto.

Una campaña es como un jardín. Tú pones semillas, las eliges con cuidado, y entonces llegan otros jardineros con otras semillas (sus PJ) que también plantan. Y entonces os ponéis a ver qué es lo que pasa. Cómo crecen esas plantas y qué fantásticas formas adoptan.

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